La reforma de las pensiones aprobada este jueves por el Consejo de Ministros, con el beneplácito de Bruselas y los sindicatos, se ha convertido ya en una de las principales banderas del PSOE de cara a las próximas autonómicas y municipales del 28-M. Pedro Sánchez la agitó hoy, en vísperas de que el Congreso debata la segunda moción de censura de Vox, ante el comité federal de su partido reunido para aprobar las listas electorales. Y no lo hizo solo para presumir de »paz social», en contraposición con las turbulencias a las que está teniendo que hacer Emmanuel Macron con su plan en Francia. Sino para azuzar el miedo a la derecha.

Que el jefe del Ejecutivo aspira a que el acuerdo alcanzado logre superponerse al ruido que en las últimas semanas ha generado la propia coalición de gobierno con la reforma de la ley del ‘sí es sí’ o la imagen de descomposción del bloque de investidura visualizada con el naufragio de la reforma de la ‘ley mordaza’, es evidente. Este sábado incluso pidió al ministro de Seguridad Social e inclusión social, José Luis Escrivá, que acudiera a la reunión de notables de su partido para explicarlo en primera persona. Pero además pretende utilizarlo como epítome de lo que ha supuesto su mandato frente a los de Mariano Rajoy y a lo que pueda venir.

El PP ya ha expresado, en sintonía con la CEOE, su oposición a una propuesta que plantea aumentar los ingresos en lugar de recortar las prestaciones como fórmula para garantizar la sostenibilidad del sistema. El primer partido de la oposición la ha llegado a tildar de «impuesto al trabajo y al talento». Cuestiona que realmente solucione los problemas que afronta el modelo español y ha dejado caer que la cambiará si llega al poder. Sánchez se lo echó en cara, aunque los socialistas ven en esa postura una oportunidad electoral que no piensan desaprovechar.

«Lo lógico sería que esta derecha que se dice tan proeuropea apoyara una reforma acordada con la Comisión. Pero les ha marcado el paso la patronal -subrayó el presidente en la intervención con la que abrió el encuentro en Ferraz-. Con su no vuelve a retratarse y, lo que es más importante, vuelve a quedarse sola». El jefe del Ejecutivo agitó así el temor a un «plan oculto» de los populares. «El del Gobierno es conocido. ¿Cuál es el de los que se oponen? ¿Volver a recortar las pensiones? Que hablen claro», reclamó.

Colusión con Vox

Nadie esperaba que la de hoy fuera una reunión convulsa ni que fueran a escucharse posiciones críticas. «Ahora -expresaba una dirigente socialista a las puertas de la sede del partido- toca unidad para ganar las elecciones». Todos tienen un enemigo común: el PP pero también Vox. La entada de la ultraderecha en algunos parlamentos autonómicos, con porcentajes que superen el 10%, pueden poner en riesgo las mayorías absolutas de Gobiernos como el de Extremadura o Castilla-La Mancha. Y, en general, la mayoría de los barones respira con cierto alivio después de que la reforma del ‘sí es sí’ -una ley que, admiten, estaba alimentando al partido de Santiago Abascal- haya comenzado a tramitarse y de ver cómo la polémica por la reforma de la sedición y la malversación va quedando atrás.

El partido se siente más cómodo en la defensa de iniciativas de calado social. «Nosotros nos debemos ala gente de a pie. Estamos llevando al BOE a esa mayoría que se movilizó en la calle en los años de las políticas neoliberales de la derecha», presumió Sánchez. Su esquema es el de que lo que traiga Alberto Núñez Feijóo, empeñado en trasladar una imagen de moderación, puede ser peor de lo que ya hubo porque tendrá que ir de la mano de la ultraderecha. Y como prueba de ello, recurrió a la decisión del líder del PP de abstenerse en la moción de censura que se vota este miércoles, con Ramón Tamames como candidato.

Sánchez recordó que en octubre de 2020, en la anterior moción presentada por Vox, Pablo Casado hizo un discurso duro y su partido voto no. «La razón es simple: el proyecto de FEijóo pasa por reeditar gobiernos de coalición con la ultradercha allá donde sumen y por lo tanto no cabe llamarse a engaño -alegó-. De la colisión en tiempos de Casado, hemos pasado a la colusión en tiempos de Feijóo».



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